Martínez-Abarca. El Faro 20-2-09
Los de la Plataforma por la Biprovincialidad de Cartagena me dejaron varios mensajes en mi contestador la pasada semana para que acudiera a una comida donde se supone que querían convencerme de su punto de vista y de las novedades sobre el asunto que no se han producido. Por supuesto, no acudí a esa comida, ni a ninguna otra, pasó un día, y otro año pasó, y he aquí que todavía no les he contestado ni para excusarme. Se lo debo, caballeros. Hubiese sido tan raro que contestase al aparato como la voz que telefoneaba desde el Más Allá en aquel cuento fantástico de Julio Cortázar. Quisiera alargar la mano y responder a las llamadas, pero hace ya mucho que me he vuelto translúcido, y desgraciadamente paso a través de las cosas que quiero. No es ningún desaire particular hacia los de la Plataforma por la Biprovincialidad, cuya causa apoyo fervorosamente para todos los siempres sin necesidad de que me la cuenten otra vez. La mayoría del tiempo yo tampoco doy conmigo mismo, cuando me necesito. Estoy retirado de mi propio personaje, tras dimitir de las pompas, y no quiero saber nada excepto del mar, el sol quizás, el ansia inmoderada de dispersarme en átomos.

Desde que, por no haber sobrevivido a un gran amor como alguno de esos seis a los que, en tomo de memorias que se acaba de editar, sí dice haberse sobrepuesto, aunque niego la mayor, el escritor catalán autotenido por misógino Luis Racionero (sólo una vez cené con él, en el Hispano: me pareció pagadísimo, vanidoso, insoportable para mujer u hombre, o sea, que es natural su soledad), desde que, digo, accedí a la “adenda” de mi vida, a la propina de mi existencia, no vaya ningún acto municipal y espeso, ni tampoco a nada provincial e igual de espeso. Apenas salgo de casa, como Pío Baroja, no sea que me encuentre en el parque “a esos cabrones de falangistas”, o a los hijos de los del correaje y la chaqueta blanca, que ahora detentan ministerios con las mismas malas maneras de sus padres, son cabezas de lista por esta aperreada Murcia y se van de “hecho cinegético” con sus jueces de partido.
Malamente podía yo ir a una comida de confraternización, en la que hubiese siempre faltado aunque hubiese asistido a ella. Todavía no me han visto montando un gigantesco y diabólico caballo color de fuego tras rechazar todas las invitaciones a salir, como el Metzengerstein de Poe (“Metzengerstein no asistirá”), pero casi. A cambio, me tienen en este recuadro del periódico mientras me sea dado apoyar cosas de lógica política. Biprovincialidad, ya. Cartagena, provincia (tiene más derecho esta Comunidad a ser dos provincias, al menos, que Castilla y León, por poner, a tener tantas). Inclusión de la posibilidad de que la Comunidad Autónoma murciana se divida en varios departamentos, sin ser necesariamente uno. Cuenten con mi pluma, queridos cartageneros. Aunque no cuenten con el cuerpo que teóricamente la sustenta.

Comments are closed.

Post Navigation