LA FELIZ GOBERNACIÓN. Ángel Montiel – La Opinión 18/03/2010
¿Dónde estaba el horizonte del debate sobre la provincialidad de Cartagena que a todos los partidos les parecía bien como tal debate?. En la reforma del Estatuto. O se incluye en el nuevo texto o no se incluye. Y parece claro que la voluntad de las fuerzas políticas es pasar de largo ante este asunto.
El encierro del portavoz municipal del Movimiento Ciudadano de Cartagena, Luis Carlos García Conesa, en protesta por la negativa a oír su testimonio de la comisión parlamentaria de reforma del Estatuto, ha sido muy esclarecedor por sus consecuencias. Por paradójico que parezca, esto es así no tanto porque no han hecho falta muchos días para que la Asamblea Regional haya aceptado citarlo, sino porque ha quedado claro que el asunto sobre la provincialidad de Cartagena está fuera de la agenda política. En el fondo, esa ha sido la virtud del encierro del concejal: poner ese detalle en toda su evidencia.

Cuando hace unos años se creó la plataforma por la biprovincialidad, a la que se fueron adhiriendo organizaciones sociales de la comarca y de fuera de ella, los grupos políticos, e incluso y principalmente el presidente de la Comunidad, celebraron el acontecimiento con expresiones que parecían alentar la iniciativa: “Es bueno que se desarrolle un debate sobre la cuestión”.

Estaba claro que era una manera de no comprometerse en sentido alguno, y desde luego procurando evitar que se transmitiera la sensación de que rechazaban de entrada la posibilidad de que ese proyecto pudiera llevarse a cabo y es que la experiencia demuestra que un partido que no apoye explícitamente la provincialidad de Cartagena o que obvie el asunto puede sobrevivir perfectamente en ese territorio, pero basta desaprobarla para que sea penalizado. De manera que lo mejor es transitar por esa cuestión sin comprometerse demasiado a favor o en contra. Dar largas es la política más inteligente, ya que los ciudadanos de Cartagena, en su mayoría, no parecen estar muy pendientes de la provincialidad … salvo, como digo, cuando alguien comparece para rechazarla taxativamente. Entonces, el debate se reactiva.
Bien, hemos visto que los principales partidos aplaudieron la puesta en marcha de un debate al respecto, a demanda de la plataforma por la biprovincialidad. Y los animadores de ésta se lo tomaron muy en serio, desarrollando campañas informativas dentro y fuera de Cartagena, planteando la histórica reivindicación con argumentos más razonables que los que empleaba el cantonalismo en tiempos anteriores. Es decir, no como un reflejo victimista frente al centralismo murciano, sino como una solución inteligente para potenciar la fuerza política de esta Región en su conjunto.
Pero la voluntad de las organizaciones de referencia, por muy razonable que parezca ese diseño tanto en planteamiento como en contenido, es nula: PP, PSOE e IU se limitan a dar largas cambiadas cuando se habla de esto, y no solamente en el ámbito regional, sino también los dirigentes locales. No digamos ya en el resto de localidades que tendrían que acompañar a Cartagena en el mapa de la provincia; en tales casos, la negativa expresa viene dada de antemano.
Oficialmente, como política general, ningún partido principal reivindica la provincial. Al no hacerlo, cabría deducir que la rechaza. Pues tampoco. Todos coinciden en que “es necesario debatirlo”. Lo que les han venido diciendo a los de la plataforma, en público y en privado. Pero todo debate ha de tener un final, o mejor, un horizonte. ¿Dónde estaba el horizonte del debate sobre la provincialidad?. Bien sencillo: en la reforma del Estatuto de Autonomía. Este es el tope. O en el proyecto de reforma se incluye la provincialidad de Cartagena o no se incluye. Si no se incluye, la provincialidad quedará para su estudio en el siguiente retoque estatutario… ¿pasados veinte años? Y ya ha quedado dicho que en los actuales proyectos de los partidos no aparece, ni de lejos, este epígrafe.
Los líderes regionales -y los locales- no están por la labor, aunque tampoco por la de oponerse, pues de hacerlo podrían reactivar el rechazo a sus siglas en insospechados sectores de la población, o sea, del cuerpo electoral. Ambigüedad, pues, y a pasar el trago. Pero va llegando el momento del sí o del no, pues el nuevo Estatuto es la clave. La meta del debate.
Así, cuando el cartagenero García Conesa llama la atención de que él también, como representante de una fuerza política autónoma, curiosamente la única que expresamente se declara provincialista, quiere elevar su testimonio a la Asamblea, se da de bruces en la puerta. El asunto se había despachado previamente con otras consultas y, desde luego, no ha sido ni considerado. Ahora, después de su encierro, lo recibirán. Pero el trabajo será estéril. La biprovincialidad no está en la agenda política. Aunque nadie se atreva a decirlo con todas las palabras.


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