Por Carlos León Roch. -

La verdad es que  ya no sabemos qué argumentos exponer, qué escribir, qué decir,  para que los políticos nos oigan primero, nos escuchen después y reconozcan  la limpieza de nuestros argumentos cuando se trata de reivindicar la restauración de la perdida, históricamente demandada y permanentemente añorada provincia de Cartagena.

Tal vez, con la “cursi” titulación de este pequeño escrito, alguno de los que tienen en su mano la redacción del nuevo articulado del Estatuto  de la Región Autónoma de la Región de Murcia, se digne oír, escuchar y atender los razonamientos, mil veces repetidos, que justifican una petición absolutamente beneficiosa para todos. Para todos los habitantes de la comarca natural de Campo de Cartagena ( más de 300.000h); para los habitantes de la Región y para toda España.

Y es que si, evidentemente, la restitución de la provincia de Cartagena representarán ventajas  para sus habitantes al recuperar numerosas instituciones y organismos ahora indebidamente desplazados, y al poder contar con los instrumentos  que disponen las Diputaciones Provinciales, consecuencia de una más equitativa distribución de los recursos comunes, dicha restitución  representará un aumento considerable de la representación política de la Región en los organismos del Estado, con una influencia que se equiparará a regiones, como Aragón o Extremadura, de similares características poblacionales y geográficas y que en la actualidad poseen un mayor peso político. Junto a esas ventajas, la cohesión regional, con la definitiva integración de las comarcas y municipios  constituye  un objetivo que  el estatuto vigente no consiguió, al no aplicarse, durante treinta años, la anunciada comarcalización y descentralización  comprometida.

Por último, pero con carácter prioritario, la restitución de la provincia constituirá, para España, “patria común e indivisible” un instrumento más para el mantenimiento de la paz, la justicia distributiva  y la unidad, ya que constituye el instrumento básico para la presencia del Estado en la periferia del territorio, contrapeso  necesario ante las tendencias disgregadoras…

¡Ah! También hay que rogar para que no se mencione “el gasto”,pues el “gasto” está ahora, con las 17 autonomías, con los 17 parlamentos, con los cientos de miles de  representantes, asesores  políticos y miembros de innumerables instituciones  y sociedades públicas…La restitución de la provincia de Cartagena no debe de representar ningún gasto sobreañadido. Bastará con reintegrar los funcionarios que equitativamente le corresponden en función de territorio y población, arbitrar espacios para la recuperación de delegaciones ministeriales y para las reuniones de los alcaldes y concejales que constituirían -¿constituirán?- la Diputación Provincial de Cartagena.

En cualquier caso, se estará  preparado todo para esperar, siglo tras siglo una justificada y ansiada  “restitutio ad integrum”.

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