Por Carlos León Roch.-

San Francisco de  Borja exclamó esa frase ante el cadáver putrefacto e irreconocible de la emperatriz Isabel. Y ahí acabaron sus servidumbres humanas.

Sin alcanzar esos comportamientos épicos, muchos políticos, adocenados en la disciplina de partido, en la “adhesión incondicional” y en los ”supremos intereses” de quienes le colocan en el remunerado puesto, renuncian a servir al pueblo  del que proceden, a los olvidados principios políticos que  otrora les animaban  e incluso se alinean con los que han negado durante siglos, reclamaciones profundamente sentidas y extensamente argumentadas.

Estos días los ejemplos se multiplican.  Así el diputado Martínez Pujalte –Que Dios guarde, pero lejos de Cartagena– se atreve a declarar, de una manera absolutamente gratuita e innecesaria, que ”Murcia es mejor que Cartagena”, olvidándose que él no es diputado de las bellas  “cuatro esquinas” capitalinas, sino de toda la región. Si se expresa así de Cartagena, con sus 220.000 habitantes, ¿qué  pensará de Ojós, de Lorca o de Mazarrón?. Una vez más, a lo largo de la Historia, políticos acomplejados han mostrado su verdadera faz. ¿Quiénes pueden sentirse representados por él?

Pero si grave, aunque tristemente frecuente, es el comportamiento de políticos que, insólitamente, ostentan la representación de toda la región, pero que sirven con “lealtad incondicional” intereses sectarios, peor aún es cuando esa actitud procede de personas que piensas -tal vez legítimamente- que han sido votados por su pueblo,  cuando, en realidad lo que el pueblo hizo en su día es votar unas siglas, una lista cerrada, confeccionada, precisamente, en los cenáculos del poder capitalino.

Que todo un vicealcalde de Cartagena se oponga simplemente a dejar la puerta abierta a la transformación de la Comunidad Autónoma en biprovincial, tras reiteradas manifestaciones en ese sentido de varias corporaciones municipales y, sobre todo, tras el clamor masivamente expresado por múltiples generaciones de cartageneros, demuestra lo alejados del pueblo y de sus legítimos, argumentados y pacíficos que se encuentran muchos políticos locales y regionales.

Es posible que crean que “su señor” no se les vaya a morir,  que seguirán eternamente ostentado una representatividad y un poder que su ruindad ha arrojado a la alcantarilla. Pues se equivocan.

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